Quiero regalarte una rosa. Una rosa azul, como el cielo del verano en el que te conocí, cuando el Sol fue testigo de nuestras vidas siendo unidas. Como el mar tocando nuestros pies, que caminaban a paso lento por el borde del agua, hacia el horizonte.
Quiero regalarte una rosa. Una rosa blanca, como la Luna reflejada en tus ojos, en una noche romántica y callada, cuando ella misma miraba nuestros rostros juntándose en uno mismo. Como las estrellas, alineadas para ti, brillantes en el firmamento, en constelaciones de luz, describiendo tu cuerpo en un esbozo celestial.
Quiero regalarte una rosa. Una rosa negra, como el cielo que decora nuestra noche, cuando no quiero despertar de tan sublime fantasía real, siendo tú mi compañera y cómplice. Como tu cabello, largo y ondulado, que atrapa miradas y frecuentemente, nuestras almas.
Quiero regalarte una rosa. Una rosa roja, como los labios carmesí que he de besar al alba, en la playa, najo el Sol. Como la sangre que corre ardiente por nuestras venas, que vive dentro como nuestras pasiones. Como las lejanas nubes del amanecer, coloreadas sutilmente, que contrastan con tu silueta perfecta en una sutil pero majestuosa imagen.
Quiero regalarte una rosa. Una rosa amarilla, como el Sol incandescente, siempre presente ante nuestros cuerpos excentos de razón, mas llenos de pasión. Como el brillo del oro, de destello impecable, divino y puro, librando imparcialmente las culpas.
Quiero regalarte una rosa. Una rosa para ti, quien hace de mi realidad un sueño y hace mis sueños realidad.
Escribo de noche, es cuando los sueños me atormentan. Si puedes soñarlo, puedes hacerlo.
abril 02, 2012
11:49 Metrópolis
La luz se ha hecho artificial aquí en la ciudad, la ciudad de los ilegales. Los autos corren velozmente entre las silenciosas avenidas, mientras algunos peatones merodean por las interminables calles. Observado por los vigías urbanos de concreto, camino rumbo a casa bajo sus miradas ciegas y omnipresentes. Cientos de personas caminan monótona e inexpresivamente esta noche, con destinos desconocidos.
Sin avisar, un aroma, una esencia en el aire evoca los recuerdos que estaban profundamente enterrados. Recuerdo un sinfín de cosas, tantas que un cambio de planes arriva a mi mente, y nada más importa ahora. Palpo mis bolsillos en busca de dinero, y al notar que hay una cantidad suficiente para lo que necesito, revivo mi falsa personalidad.
Me subo a un taxi, espero paciente y atentamente hasta el final del recorrido. Llegando al aeropuerto, un par de llamadas son el acceso a mi transporte, de baja calidad, pero con un buen propósito. Al subir las escalinatas de la pequeña nave, respiro por última vez el aire de mi ciudad.
El vuelo de más de medio día me obliga a dormir profundamente, y a soñar con el calor de sus brazos.
Sin avisar, un aroma, una esencia en el aire evoca los recuerdos que estaban profundamente enterrados. Recuerdo un sinfín de cosas, tantas que un cambio de planes arriva a mi mente, y nada más importa ahora. Palpo mis bolsillos en busca de dinero, y al notar que hay una cantidad suficiente para lo que necesito, revivo mi falsa personalidad.
Me subo a un taxi, espero paciente y atentamente hasta el final del recorrido. Llegando al aeropuerto, un par de llamadas son el acceso a mi transporte, de baja calidad, pero con un buen propósito. Al subir las escalinatas de la pequeña nave, respiro por última vez el aire de mi ciudad.
El vuelo de más de medio día me obliga a dormir profundamente, y a soñar con el calor de sus brazos.
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