enero 29, 2012

Mar de Luces

Luz. El placer de nuestros ojos, y del alma. Que recorre los sentidos y acaricia el espíritu. Que siempre será, que en la oscuridad brillará. Siente tu cuerpo ser calado por las partículas luminosas, que te rodean en un gran cúmulo. Ahora la gravedad no existe, tu ser flota hacia ningún lugar, sin ninguna razón.

Eres un ente brillante, alumbras con luz diáfana y cálida. Pero nno eres tú, es algo externo, ajeno a tu humanidad. Allá abajo, a lo lejos, divisas un angosto caudal de luces blancas y rojas, fluyendo constantemente en sentidos opuestos. Y allá arriba, infinitamente distante, encuentras el eterno tapiz, absolutamente negro e infestado de pequeños granos luminosos. Billones de lunares blancos que destellan repetitivamente, como queriendo comunicarte un mensaje. Se encuentran tan remotos que es imposible medirlos.

¿Lo ves? El cielo, el universo, el espacio como tu techo, justo sobre la Tierra y el hombre. Y tú ahí, a la mitad. Aún no te preguntes porqué.

Nadas en este mar de luces. Levitas en el espacio, respirando el oxígeno inexistente, que te asfixia. Y tan pronto notas el entorno irreal, los cambios se hacen presentes. Imágenes estroboscópicas aparecen; el vértigo es inminente. El paisaje espacial se funde en una alucinación, análoga al momento entre el sueño y la realidad. Tu cuerpo ahora resiente los efectos gravitacionales e inexplicablemente vuelas cual asteroide, directo hacia el planeta azul. Más imágenes aparecen, pero te es imposible descifrar la segunda escena que se establece en tu mirada. La caída desde el cielo te marea, pero no puedes hacer nada para evitarlo. La adrenalina por tus venas no consigue matarte, y te mantiene despierto para presenciar el golpe. El dolor irrelevante, pues la sorpresa es mayor. Te levantas del suelo, y tras descubrir que te encuentras intacto, caes en un profundo desmayo.

Han pasado largas horas, pero apenas lo notas, tu mente se centra en la nueva escena que enfrentas. Es un túnel, uno verdaderamente largo, pero no puedes ver ningún muro, sólo aprecias el infinito de aquel singular pasillo. Al cabo de breves momentos de angustia, una figura se hace presente al lado opuesto del corredor. Su silueta camina lentamente hacia tí, y tú, consternado, no quieres hacer nada, simplemente esperar.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca para que pudieras identificar su cara, una bruma negra inunda tu mirada. Todo se vuelve negro, como durmiendo. Y de pronto comprendes que tú eras la luz al final del túnel, aquella persona andaba por él, y se acercó a ti. Tu luz, la más blanca que jamás él pudo haber visto.

Levitas en el espacio, ahora acompañado de tu víctima. Una víctima que nunca te fue impuesta. En su rostro hay una expresión de miedo, y piensas que así te sentías la primera vez. Ambos observan el mar de luces que luce su inmensidad brillante, en la noche eterna del universo. Él comienza su viaje, se ha convertido en uno como tú. Inmortal e incandescente, te sumerges en el fluido espacial, a la espera de lo que depare el destino.

Sabes que estarás de nuevo al final del túnel. Serás una luz, porque siempre lo has sido. Aunque ellos te dicen ángel.





enero 23, 2012

La carta

Saboreando la tristeza. Ésta es nuestra aflicción. Nuevamente observo un cielo azul con pinceladas grises. Pero esta vez no es ese clima la base de mi inspiración. Lo es ahora el clima en el cielo sentimental; mi inspiración: ella, mi inspiración también tiene nombre y apellido. Es mi mejor amiga, la conozco casi perfectamente, y ella a mí. Es sólo que intuyo que dicha relación está en riesgo.

Ésta es la carta. Mi carta para ella.

Yo soy ateo, en este mundo de mentiras y falsas ilusiones. Pero todos necesitan algo en qué verter su fe. Yo, simplemente creo en ella. Ella y la amistad que me ha ofrecido, que ha llegado a tener tintes diversos pero que hoy se oscurece; eso ha hecho de mi corta vida algo de deleite. Eso amerita mil gracias.

Lo nuestro ha recorrido caminos versátiles, altos y bajos, negros y blancos, y ahora pasa por un badén que ciegamente yo he cavado. Me cegué por el velo de mis ideas equivocadas. Nunca ha hecho más por mí que hacerlo todo. Me empeñé en lograr lo mismo, pero un error altera cualquier resultado. Y los pequeños descuidos suelen desembocar en problemas mayores. Este problema ha desencadenado en mí una oleada indescriptible de sentimientos. Es inevitable quererla así. Es inevitable extrañarla así.

Le pido perdón, aunque a su jucio no lo merezca. Es una carta para disculparme, para que en lo alto de su orgullo sean escuchadas estas palabras. La soledad es una amarga compañía, que llegó para suplirla cuando no la supe apreciar adecuadamente. Quiero recuperar lo que he perdido, o pronto perderé; tarde será jamás. Jamás deseo que llegue ese momento.
La carta que sea leída por ella. Por tí.

enero 16, 2012

La chica del balcón

Confundida. Sé lo que pasará esta tarde, mas siento no saber lo que siento. El ensordecedor sonido de la música sólo consigue afligirme cada vez más. Alcanzo a distinguir las notas de una canción , que subconscientemente me transporta a sus brazos. Pero noto que él se ha marchado. Una gota más al vaso de la tristeza.

Quiero respirar. Camino hacia mi balcón, con una cadencia rutinaria, con ese recorrido tan cotidiano que parece automático. Casi instintivamente, enciendo un cigarrillo. Aquel vicio que adquirí gracias a él. Bajo el techo nublado de esa tarde, evito sumergirme en mis reflexiones, sabiendo que me traerán cosas peores.
De vuelta a mi habitación, la misma que he habitado desde la infancia, mi mirada pasa sobre el pequeño estante sobre mi cama. Ahí, donde todos sus regalos permanecen inmóviles, a la espera. Cartas, discos compactos, libros, peluches. Ellos formaban parte de mi colección de mentiras, disfrazadas de amor. Miro mi sonrisa difuminada en el espejo, intentando descifrar el enigma de mi tristeza. Decepcionada, impotente, triste, desolada, enojada.

Apago la fuente de la música y me dispongo a descansar. Incluso me doy cuenta que he sido una tonta. Nunca tomé los consejos que escuché, estaba cegada por el velo de la ilusión. Una ilusión que nunca fue más que eso. Al corazón no se le manda, pero tampoco se le deja andar libre.

Aún con el cigarrillo entre mis dedos y la nicotina en mis pulmones, decido eliminar todo rastro de él. Violentamente tiro el estante de mi cama y todos los obsequios chocan contra el piso de madera, produciendo un sonoro crujir. Entre llantos y maldiciones, busco en cada rincón de mi cuarto las huellas de su presencia. Después de breves instantes, todo está besando el piso, formado en una pila de sueños rotos.

En mi tocador yace solitaria la botella de perfume que me dió a manera de presente navideño; jamás la había abierto. Es hora de su inauguración. Vierto el envase completo sobre el montón de cosas, parece que agonizan con el alcohol. Repaso mentalmente y decido que no omito nada. Me aseguro de cerrar la puerta bajo llave. Tomo un prolongado y fuerte respiro. Esa tarde cambiaría mi vida. Con un impulso irracional, arrojo la colilla del cigarrillo hacia el conjunto empapado de perfume. La llama nacie inmediatamente. Entro en pánico.

Corro sin pensar, directo hacia el balcón, asustada, pero decidida a arrancar de raíz mis problemas y el dolor que fuese imposible sanar. El fuego ya consume mi cama. Pienso en las preguntas que dejaré sin respuesta. Caos emocional. Me detengo justo antes de la ventana del balcón. Volteo y observo mi cuarto incendiándose. Siento el ardor en mi cara, quemándose a fuego lento. El cielo en el horizonte ya es una mezcla de tonos rojos y grises. Aquí, en el balcón. El mismo que presenció veladas románticas, serenatas, besos, sueños, juegos, y ahora lágrimas. Sabiendo inevitable mi destino, me siento en el viejo diván del balcón. Espero pacientemente a las feroces llamas, espero su cálido abrazo. Dejo de escuchar a causa del chasquido del fuego.

Me prometió estar siempre conmigo, hasta el último momento. Ojalá se encontrara a mi lado ahora.

enero 14, 2012

Pensamientos de media noche

Inciertos, surrealistas, intrigantes. Así son mis sueños. Redacto los sueños que recuerdo, pero que aún en mi mente se ven distorsionados. Amo soñar, amo ese mundo imaginario que se siente tan real.

Tengo una idea extraña: creo que los únicos sueños que recordamos son los que deben salir de nuestra mente y entrar a nuestras vidas. Cambiar de realidad.

Los sueños nos permiten escapar de nuestro mundo físico, para olvidarnos de todo y encontrar una vida distinta en ese lugar.Y aunque también existe el dolor en sueños, sabemos que despertaremos, y todo quedará olvidado. O al menos eso es lo que creemos.

¿A qué sabe soñar? Sabe a probar cosas diferentes, a echar a volar la imaginación, aboler las fronteras de lo físico, acariciar la libertad, todas las noches.
Soñar no cuesta nada.

enero 08, 2012

De su piel y otros placeres

Dicen que no existe la perfección. Ella, la huésped de mis sueños, ella estaba ahí, en el sofá, con ese increíble vestido rojo. Era la escena perfecta.

Sus labios carnosos y perfectamente delineados emanaban palabras que seducían y volvían loco a este pobre diablo. A contraluz, la ventana entreabierta filtraba las escasas luces de la ciudad, que relucían a sus espaldas cual aureola de un ángel. Un ángel, justo frente a mí. Era la imagen perfecta.

A los pies del sofá, yacían un par de copas vacías y las brillantes zapatillas rojas a juego con el vestido. Tomó mi mano lentamente. El roce de nuestras manos, la cosquilla al tocar su piel, como tocar el cielo. Era el momento perfecto.

Nada se escuchaba en la habitación, salvo nuestras suaves exhalaciones. Sintiendo que el tiempo se ausentaba, nos acercamos el uno al otro. Sus labios a escasos centímetros de los míos. Su respiración contra la piel de mi rostro. Su sonrisa angelical mataba en silencio. Sus ojos color avellana hipnotizaban y me enloquecían. Era la mujer perfecta.

Rodeé su espalda con mi brazo, y la recorrí lentamente, desde su delgado cuello. Su hermosa piel brillaba sutilmente, mientras que mis dedos se deslizaban sobre ella, sin apartar mi mirada de la suya. En un momento de emoción, excitación y atrevimiento, mi mano bajó más allá del escote en su espalda. Pero entonces ella se apartó, y tocó mi rostro con su delicada mano. Con mi mente, mi alma y mi corazón debatiendo en un torrente de emociones y sentimientos, ella posó su dedo índice sobre mis labios, acompañado de un sensual guiño de ojo. Sin aliento, la atraje fuertemente contra mí, en un abrazo apasionado. En un movimiento rápido, ella cerró la ventana. Obscuridad total. Era la noche perfecta.

enero 06, 2012

Un eterno atardecer

No sabía qué día era, pero estaba seguro de que eran las 18:00 horas. Me sentía como despertando de un sueño, pero despertando en uno. No tardé en notar que sólo estábamos el cielo de color naranja y yo.

Soplaba el viento con un ligero silbido, y era frío. Caminé, con ese impulso inconsciente de los sueños. Me pareció que fueron horas, pero tardé sólo unos minutos en avistar esa gran estructura de vidrio que relucía brillante con los tonos del crepúsculo. Me acerqué más. Observé que una multitud entraba y salía de aquel edificio que cubría el horizonte en su totalidad. Emocionado, me acerqué aún más, con la curiosidad dominando al miedo.

No me di cuenta de su presencia hasta que estuve frente a ella. Ahí estábamos los dos. Ella y yo. Cara a cara. Me percaté de aquella pequeña gota que viajaba por su mejilla morena. Quise preguntarle algo, pero mi garganta sólo produjo dolor. Ella, en cambio, sólo permaneció estática, con las manos en los bolsillos de sus jeans. Su cabello de un profundo negro y rebeldemente ondulado se agitaba suavemente gracias al viento. Sin razón alguna, nos besamos, en un movimiento extrañamente coordinado y paralelo. Tantas emociones en ese momento, tan inexplicables, tan infinitas... Fueron escasos segundos que, aún siendo en sueños, jamás olvidaré.

Ella se alejó lentamente. Sus ojos lloraban abundantemente. Luego ella corrió repentinamente, y entró por una puerta transparente de vidrio. El cielo lucía idéntico, sin un sólo cambio. Una vez dentro, ella se volvió a mirarme. Sólo recuerdo haber leído en sus labios un "adiós", antes de que desapareciera tras un cegador destello de luz blanca cuya fuente desconozco.

Traté de ver de reojo a la demás gente, pero para mi sorpresa, me encontraba solo nuevamente. También recuerdo haber llorado, en silencio, preguntándome en silencio "¿por qué?".

Pero en ese momento no quería saber porqué, sólo quería verla una vez más.

enero 05, 2012

El primer sueño

¿Quién recuerda su primer sueño?
Nadie. Nadie tiene ese privilegio. ¿Cómo fue nuestro primer sueño? Una pesadilla quizás. Quizás fue uno de esos que no comprenderemos jamás. Pero enfin, ¿a quién le importa? Vivimos en un mundo en donde importa más la realidad, el mundo de allá afuera, más que los mundos extraordinarios que podemos crear al soñar. Y sí, son sólo sueños, lo que ocurre en nuestra mente  y se quedará ahí. Pero son el reflejo de nuestra realidad. Es nuestra realidad, percibida por el sentido de la imaginación. Imagiemos, soñemos.

Invito a soñar, a disfrutar de los sueños, que forman parte de nuestras vidas. Vivamos los sueños como si fueran otra realidad. Todo ésto suena muy irreal, intangible, pero si de verdad nos tomáramos el tiempo de profundizar en nuestros sueños, haríamos las cosas mejor. Pero así como se disfrutan, se debe de tener cuidado con ellos. No hay que creerse en ese mundo, pues aquí nosotros no somos quien tiene el control de la realidad.

Yo creo que el primer sueño no existe. No podemos recordar los sueños porque se deben quedar ahí, en ese otro mundo. Y no hablo de los sueños como aspiraciones, anhelos o metas. Me refiero a los que vivimos mientras dormimos, los que no tienen ni principio ni final, los que no entendemos, que nos confunden, pero que olvidamos. Así debería de ser siempre ésto. Soñar sin temer las consecuencias.

El primer sueño. El primero y el último.