La luz se ha hecho artificial aquí en la ciudad, la ciudad de los ilegales. Los autos corren velozmente entre las silenciosas avenidas, mientras algunos peatones merodean por las interminables calles. Observado por los vigías urbanos de concreto, camino rumbo a casa bajo sus miradas ciegas y omnipresentes. Cientos de personas caminan monótona e inexpresivamente esta noche, con destinos desconocidos.
Sin avisar, un aroma, una esencia en el aire evoca los recuerdos que estaban profundamente enterrados. Recuerdo un sinfín de cosas, tantas que un cambio de planes arriva a mi mente, y nada más importa ahora. Palpo mis bolsillos en busca de dinero, y al notar que hay una cantidad suficiente para lo que necesito, revivo mi falsa personalidad.
Me subo a un taxi, espero paciente y atentamente hasta el final del recorrido. Llegando al aeropuerto, un par de llamadas son el acceso a mi transporte, de baja calidad, pero con un buen propósito. Al subir las escalinatas de la pequeña nave, respiro por última vez el aire de mi ciudad.
El vuelo de más de medio día me obliga a dormir profundamente, y a soñar con el calor de sus brazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario